¿Cómo has aprendido a relacionarte con los demÔs? 

Raras veces nos hacemos este tipo de preguntas y no solemos tener una respuesta clara en caso de hacerlo. Nos han enseƱado sobre lenguaje, matemĆ”ticas, historia, geografĆ­a, arte, biologĆ­a … pero no nos enseƱan cómo funcionan las relaciones. La consecuencia de esto suele ser que aprendemos a relacionarnos de una manera muy inconsciente a travĆ©s de los modelos que hemos tenido en nuestra vida. Estos modelos suelen ser nuestros padres, familiares, seres queridos… aquellas personas con las que creamos un vĆ­nculo afectivo. TambiĆ©n a travĆ©s de libros, series, pelĆ­culas… que nos muestran distintas dinĆ”micas relacionales. Algunas son las mismas que hemos aprendido y otras son diferentes, incluso opuestas. Entonces solemos escoger si quedarnos con lo conocido o cambiar hacia lo nuevo.

La realidad es que existen muchos tipos de relación y de dinÔmicas relacionales. Entonces, ¿cuÔl es la buena? ¿Con cuÔl me quedo? La respuesta a esta pregunta no es fÔcil, en cada momento de nuestra evolución podemos necesitar un tipo de relación u otra. Pero me parece interesante que sea cual sea la elección apunte en una dirección generativa: el crecimiento individual de todas las personas que forman parte de la relación y que a su vez permite el crecimiento de la propia relación.

LA VIDA NOS EMPUJA A EVOLUCIONARĀ 

Cuando hablo de crecer me refiero a evolucionar, a aprender, a tener mƔs consciencia sobre uno mismo, sobre los demƔs, sobre las relaciones, sobre el mundo. Y este camino no siempre es fƔcil ni agradable. Pero no nos queda otra. La vida siempre nos estƔ empujando a cambiar y a evolucionar.

Si miramos hacia atrĆ”s y recordamos nuestro crecimiento fĆ­sico tenemos un muy buen ejemplo. Cuando crece nuestro cuerpo nos sentimos torpes ya que todavĆ­a no nos hemos adaptado a Ć©l, necesitamos tiempo para aprender a movernos con los nuevos cambios. Y no hay marcha atrĆ”s. Cuando en la adolescencia varĆ­a la quĆ­mica hormonal aparecen nuevas emociones que no sabemos manejar. No nos queda otra que aprender a reconocerlas y a aprender a gestionarlas. TambiĆ©n aparecen cambios en el cuerpo (desarrollo de los genitales, acnĆ©, bello, etc…) y nuevamente sólo podemos adaptarnos a esos cambios. Cualquier intento de ir en contra de todo esto sólo nos lleva al sufrimiento y a la frustración. Todo esto tiene un sentido, la vida nos estĆ” preparando para ser individuos autónomos, para que podamos abandonar nuestra familia y crear algo nuevo. AsĆ­ son los ciclos de la vida.

Ahora bien, como seres humanos, tenemos un montón de ideas y expectativas sobre cómo deberían ser las cosas. Esto muchas veces nos dificulta estar en el presente viviendo las cosas tal y como son. En lugar de hacer esto estamos pensando en cómo deberían de ser. Este mecanismo, utilizado en pequeñas dosis y de una manera amorosa, nos permite crear cosas que todavía no conocemos como especie. Pero si abusamos de él acabamos viviendo en nuestras fantasías y deseos, desconectados de la vida, del momento presente, de lo que estÔ pasando aquí y ahora.

CONSTRUIMOS UN PERSONAJE SOCIAL

Cuando nos encontramos ante otro ser humano, todos venimos cargados con nuestras ideas y expectativas sobre cómo tienen que ser las relaciones. Pero no sólo esto. También llevamos con nosotros heridas del pasado, experiencias que hemos vivido como actos de desamor por parte de otros seres humanos. Y para protegernos de ellas también vamos con nuestro sistema de defensas. Con todo esto acabamos construyendo nuestro personaje social que puede estar mÔs o menos conectado con nuestro interior, con nuestra esencia. Hay personas que son conscientes de que tienen un personaje y que por dentro viven la realidad de un modo distinto a la que proyectan hacia afuera. Sin embargo, hay otras personas que se han identificado completamente con su personaje y se han desconectado de su interior.

La realidad es que la mayoría de relaciones transcurren en ese nivel social, en el que hay una serie de normas pre-establecidas, que mÔs o menos nos indican cómo deben ser nuestras interacciones. Sin embargo, si realmente queremos tener relaciones plenas, íntimas y vivas, necesitamos también incluir en las relaciones esa parte de nosotros mismos que reside en nuestro interior.

LA RELACIƓN DE PAREJA ES UN CONTEXTO PARTICULAR

Culturalmente hemos aprendido que el lugar adecuado donde poder establecer ese tipo de vínculo íntimo es en nuestras relaciones de pareja. Por lo menos se nos ha transmitido la idea de que en este tipo de relación es donde podemos experimentar la conexión íntima, la complicidad, la magia de la relación con otro ser.  Pero la realidad es que si hemos aprendido a ver a las personas a través de nuestras expectativas y a protegernos con nuestras defensas, tarde o temprano, en la relación de pareja solemos acabar haciendo lo mismo. Tal vez al principio todo va sobre ruedas, pero con el paso del tiempo se empiezan a caer las expectativas y se activan las defensas para proteger las viejas heridas.

Es en este punto donde es crucial la voluntad de crecer como pareja. Pero la pareja no puede crecer si no hay un crecimiento individual de los miembros que la forman. Cada miembro de la pareja puede ser un espejo y un maestro para el otro. Pero para ello, es imprescindible, poco a poco, ir desmontando el personaje que hemos construido e ir reconectando con nuestra esencia interior.  De esta manera a través del crecimiento de uno mismo crece la pareja.

CRECER A TRAVƉS DE NUESTRAS RELACIONES

Así pues, las relaciones de cualquier tipo (pareja, familia, trabajo, amigos, etc.) son un contexto muy rico a través del cual conocerse a uno mismo y crecer como persona. Ante los conflictos, podemos aprender a ver a los demÔs como espejos de nosotros mismos y tomar consciencia de todos aquellos aspectos que rechazamos en nosotros y que acaban apareciendo en las relaciones y que ademÔs nos quitan libertad y plenitud. Para mí el reto es mirarse primero a uno mismo para aprender a construir relaciones mÔs conscientes y generativas, esto es, relaciones en las que crecemos como personas y crece también la relación.

Justamente este es el nombre que le he puesto mi Curso online de relaciones conscientes generativas en el que abordo todos estos temas. Te invito a echarle un ojo si te ha llamado la atención lo que has leído en este artículo.

Gracias por leer. ”Comparte este artículo si consideras que puede ser de interés a otras personas!

Joan Argelich