No está ocurriendo III: futuro

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En general nos inquieta tanto el futuro que somos capaces de recurrir a una bola de cristal o a unas cartas para que nos digan lo que va a ocurrir. Si esto es posible, no digo lo contrario, ¿para qué? Mi hipótesis es más bien simple: para intentar manejar la incertidumbre que nos provoca no saber lo que va a ocurrir. Probablemente la incertidumbre es una de las sensaciones que peor gestionamos los seres humanos, generándonos a menudo mucha ansiedad. 

Si una bola, unas cartas, una médium o unos guías espirituales nos pueden decir lo que va a ocurrir, deberíamos asumir que el futuro está diseñado de antemano. Si esto es así, ¿qué más da saberlo? Recuerdo una vez que leí sobre un curioso personaje llamado Cheiro que a principios del siglo XIX decía poder predecir el día de la muerte de las personas mediante numerología. Lo sorprendente es que en algunos casos su predicción se cumplía y en otros no. Algunos seguidores suyos concluyeron que las personas que morían cumpliéndose la predicción lo hacían víctimas del miedo y el pánico al haberse sembrado esa idea en lo más profundo de su ser. Dándole un par de vueltas al asunto hasta podríamos considerar que lo estaba creando y prediciendo a la vez.

Anécdotas al margen, si te paras a pensarlo por un momento, ¿de qué te serviría saberlo? ¿Para empezar a vivir la vida que deseas cuanto antes? ¿Para hacer las paces con alguien? ¿Para decirle a alguien que le amas? Honestamente, ¡me parece más sensato empezar a hacerlo ya! Las personas que se dedican a acompañar a otros en su proceso de fallecimiento suelen coincidir en algo: las personas nos arrepentimos más de lo que no hicimos por miedos e inseguridades de lo que si hicimos, independientemente de los resultados obtenidos.

Personalmente creo que en general es más útil pensar que el futuro lo estamos creando nosotros desde el presente. Hoy era el mañana de ayer y hoy es el ayer de mañana. De hecho, si todo estuviera determinado lo más útil sería que te relajaras y simplemente te dedicaras a vivir todo lo que acontece, aceptando todo lo que es tal y como es. Habría estado determinado el día de tu nacimiento, lo estaría el que ahora estés leyendo estas líneas y lo estaría también el día de tu muerte. ¿Y si no lo está? Entonces, bajo mi punto de vista, sólo se trata que tengas el mejor estado posible para construir el mejor presente y el mejor futuro. Por lo tanto, una vez más, empieza por relajarte un poco …

El simulador mental

En realidad me atrevería a decir que en la mayoría de los casos las personas funcionamos con una mezcla de las dos premisas anteriores. Y si no, ¿qué hacemos constantemente pensando en lo que va a ocurrir? En PNL le llamamos a esta habilidad de nuestro cerebro simulador mental. Como seres (presuntamente) más evolucionados de nuestro planeta, tenemos la habilidad de poder disociarnos del presente y saltar entre tiempos pasados o futuros.  Recuerda que nada de esto está ocurriendo ahora. El futuro es una simple creación  y el pasado una simple recreación de hechos altamente distorsionados. Aunque mucha gente busca en las regresiones la verdad del pasado en general lo que encuentra es su verdad presente. Hablando de vidas pasadas, es tanto lo que nos atrae el futuro que el gurú de las regresiones a vidas pasadas Brian Weiss en un momento de su carrera cambió el enfoque hacia las progresiones a vidas futuras. Hasta donde yo sé, incluso las personas que pueden tener fenómenos psíquicos como clarividencia o premonición, a menudo confunden éstos con sus simulaciones mentales.

¿Y para qué la madre naturaleza nos habría dotado de este simulador si es tan poco fiable?

Tal vez simplemente para aprender. Gracias a tus experiencias vividas que están presentes en tu memoria, puedes hacer simulaciones futuras para que en aquellos casos donde algo que pensaste o  hiciste en el pasado y no te fue útil, pueda acabar siendo distinto en el futuro. Suena bonito, ¿verdad?

Sin embargo, este “don” de crear el futuro es una arma de doble filo ya que en general lo utilizamos en sentido contrario. Nuestro instinto de familiaridad es tan fuerte que tendemos a simularnos el futuro haciendo predicciones en base a nuestras experiencias pasadas. Consecuentemente si algo nos ha salido mal en el pasado lo acabamos proyectando igual en el futuro. Las situaciones son innumerables: ponerse nervioso a la hora de hablar en público, bloquearse en un examen, hacer el ridículo a la hora de acercarse a la persona que nos gusta, simular que lo que nos paso con la ex pareja también ocurrirá con la pareja actual, y así un largo etcétera. De hecho, no hace falta ser un experto en “fracasar” en un contexto o faceta de la vida en particular. Muchas veces la primera vez que nos enfrentamos a algo novedoso ya se pone en marcha, aún sin tener experiencias previas. Esto se debe a que hacemos equivalentes situaciones nuevas a otras pasadas aunque no sean exactamente las mismas, además de dejarnos guiar por nuestras creencias limitantes: yo no valgo, yo no sirvo, es complicado para mí, no podré hacerlo, etc …

Pudiera parecer que esto resulta inocuo puesto que son simples simulaciones mentales pero las consecuencias de utilizar este tipo de pensamiento predictivo son cruciales, por lo menos a dos niveles. El primero tiene que ver con un efecto inmediato en el presente, ya que cuando simulamos situaciones negativas futuras todo nuestro organismo responde a ello, con lo cual acabamos sintiendo en mayor o menor medida el estado emocional negativo asociado a ellas. Definitivamente pensar en cosas negativas que aún no han ocurrido y que además no podemos tener la certeza de si van a ser como las imaginamos es el mejor método para amargarse el presente innecesariamente. Cuanto más lo piensas, más cortisol segregan las glándulas suprarrenales y más distrés (estrés negativo) aparece en tu día a día. A nivel físico aparecen dolores y enfermedades. A nivel emocional aparecen sensaciones de miedo y desesperanza. A nivel mental se nubla el pensamiento creativo – resolutivo. El segundo nivel es mucho más sutil y tiene que ver con lo que en psicología llamamos profecías autocumplidas.

Profecías autocumplidas o autorrealizadas

Se entiende por profecía autocumplida o autorrealizada  la simulación mental o pensamiento predictivo que se acaba manifestando en la realidad en gran medida por el hecho de haberlo pensado o, literalmente, creado (aunque en primera instancia sólo se diera en la mente). Cuando ponemos en marcha este funcionamiento le estamos mostrando al cerebro a múltiples niveles conscientes e inconscientes como tenemos que pensar, comportarnos y sentirnos en un contexto determinado. Recordemos que las personas en la inmensa mayoría de los casos no respondemos a las situaciones en si sino a la percepción que tenemos de las mismas.

No recuerdo ningún caso de reacciones ansiógenas o fóbicas que haya tratado en el que no actúen éstos dos niveles. Piensa en que te vas a poner nervioso en tu charla en público y empezarás a sentir nervios. Sigue pensándolo y te sentirás fatigado y dormirás poco. Llegará el día de la charla y estarás cansado, agobiado y pendiente de cuan nervioso estás. Esto probablemente hará que tengas una experiencia real (más) de que te pones nervioso a la hora de hablar en público. Lo mismo aplica a la hora de afrontar un examen o a la hora de acercarte a la persona que te gusta.

Otro ejemplo, piensa en que tu pareja, como tu ex, se fijará en otra persona. Esto hará que estés pendiente de todos los posibles indicadores de si esto ocurre. Tu otro significativo empezará a agobiarse y te percibirá como alguien inseguro. Esto hará que no disfrutéis tanto de la relación y aumentará las probabilidades de que se acabe fijando en otra persona. Cómo le dije hace poco a una paciente: ¿Qué ocurriría si invirtieras toda la energía que utilizas para ponerte celosa en hacer que la relación fuera increíblemente inolvidable? (Este tema merece un escrito a parte).

Cuando no tenemos evidencias de que lo que nuestros miedos están manifestando, por ser puras simulaciones mentales, conviene recordar el mantra “No está ocurriendo”, al que ya le podríamos añadir: “Lo estoy creando yo” (sin culpas, simplemente lo has aprendido a hacer asi). Ahora, ¿Qué tal si decides crear algo distinto? Ah, ¿que no te crees que sea posible lo que ves en la simulación positiva? ¿Cómo lo sabes? Haz como si fuera posible, ponlo a prueba intentándolo y ten fe en que eres algo más grande de lo que crees que eres.

Nota: Puedes utilizar los ejercicios básicos de No está ocurriendo II: Pasado para cortar las simulaciones mentales; y los de No está ocurriendo I: Presente para llevar tu atención al aquí y ahora. Una vez hayas vaciado tu mente y estés nuevamente en el presente prepárate para diseñar como quieres que sea tu futuro. O simplemente acepta y vive lo que venga. Tu eliges.

Joan Argelich
Psicólogo especializado en Hipnosis y PNL

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