El mundo no es como me gustaría que fuese

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Muy probablemente la principal causa de malestar del ser humano sea el hecho de percibir el mundo que nos rodea como algo que no nos gusta. A menudo reaccionamos sintiéndonos mal por sucesos que ocurren a nuestro alrededor. Cada uno tiene sus deseos y preferencias en relación a lo que quiere que ocurra en su vida y en el mundo en general. Cuando esto no ocurre, nuestro cerebro encuentra una discrepancia entre lo que espera y lo que se encuentra. Fruto de esta comparación, sentimos algo que nos hace saber que eso no nos gusta. No es lo que esperamos, no encaja con nuestra visión del mundo, con nuestros valores, con nuestras creencias, con nuestra identidad. Funcionamos así. Respondemos a lo que llamamos realidad de este modo.

En la sociedad en la que vivimos parece que estamos obligados a ser felices, a sentirnos bien y a disfrutar las 24 horas del día. La paradoja es que vivir con estos objetivos sólo puede llevar a una cosa: la frustración. Piénsalo por un momento, ¿Cómo puedes saber lo que es sentirse bien si no te has sentido mal antes?¿Cómo puedes valorar lo bueno sin haber experimentado lo malo? ¿Cómo puedes querer hacer el bien sin que exista el mal? ¿Cómo puedes querer curar sin que exista la enfermedad? ¿Cómo puedes ser culto sin que exista la ignorancia? ¿Cómo puedes ganar sin que haya un perdedor? ¿Cómo puedes luchar por la paz sin que haya guerras? ¿Cómo puedes ver la luz sin haber viajado antes por las sombras?

El mundo nunca va a ser exactamente como a ti te gustaría que fuera. ¿Te gusta más el frío o el calor? ¿Verano o invierno? ¿La lluvia o el sol? Da igual tu respuesta, el universo no variará su manera de funcionar según tus preferencias. Sólo hay una manera de evitar ese sufrimiento: aceptar todo lo que es tal y como es, y eso, hasta donde yo sé, está reservado a los iluminados.

Vas por la autovía y de repente un atasco, llegas tarde al trabajo. Toda la semana pensando en ir a la playa y llueve todo el fin de semana. Tantos días pensando en cómo le dices algo a esa otra persona que tanto te gusta y resulta que tiene pareja. O peor, está soltero/a pero tú no eres su tipo. El jefe sigue sin haberse convertido en una persona simpática y amable conmigo. Tu equipo favorito ha perdido con el eterno rival. Tu pareja te ha sido infiel.

La gran pregunta

Evidentemente, cada uno de los ejemplos anteriores tendrá un menor o mayor impacto en las emociones de cada persona. Estas aparecen muy rápido. Negarlas o impedir que salgan suele ser contraproducente, no somos robots. Ahora bien, una vez han salido y han sido liberadas, la gran pregunta que puedes hacerte es: ¿Qué está bajo mi control?

¿Puedo hacer algo para que se disuelva el atasco? ¿Puedo hacer algo para que deje de llover? ¿Puedo cambiar la manera de ser de mi jefe? ¿Puedo cambiar el resultado del partido de futbol? ¿Puedo cambiar el hecho que mi pareja se haya acostado con otro? ¿Puedo cambiar los gustos de esa persona que me gusta? En la inmensa mayoría de los casos la respuesta será que no. Y cuando es un sí, felicidades, el problema puede dejar de existir pronto. No obstante, en muchas ocasiones no nos enfocamos en lo que sí está bajo nuestro control.

El planeta sigue girando, después del día vendrá la noche, después del invierno el verano y de los restos de un viejo árbol nacerá una nueva vida. Si no te gusta el calor, siempre puedes irte a vivir a Escandinavia. Si no te gusta el frío siempre puedes migrar a un clima tropical. Si no puedes ir a la playa porqué llueve, tú decides si encerrarte en casa todo el fin de semana lamentándote o mirar la cartelera del cine. Puedes elegir llegar a casa a las 20 de la tarde pensando en lo mal que te trata tu jefe hasta la hora de acostarte o elegir disfrutar de la compañía de otra persona con quien te sientas mejor. Puedes pensar que eres un desgraciado porqué te ha rechazado esa persona que tanto te gusta o puedes pensar de qué manera podrías conseguir que sí le gustaras o simplemente entender que cada uno tiene sus gustos, que no vas a gustarle a todo el mundo y enfocarte en otra persona. Puedes buscar una venganza por esa infidelidad, culparte o bien analizar si vale la pena mejorar la relación o romperla. Y para todo ello no hace falta que te sientas bien, simplemente vaciarte de la emoción negativa sin alimentarla ni alargarla más de lo necesario pensando en bucle en lo que está fuera de tu control.

Cuando aíslas las variables que no están bajo tu control y te enfocas en las que sí lo están, sin lamentarte más de la cuenta o entrar en un espiral autodestructivo, puedes realizarte la segunda gran pregunta:

¿Para qué puede ser esto una oportunidad?

Cuando has logrado soltar esa emoción que ha aparecido de una manera natural y has empezado a enfocarte en lo que sí está bajo tu control, libre de culpa y de quejas que no te llevan a ningún lugar, puedes empezar a ver oportunidades donde antes sólo veías problemas. Al principio es difícil, nadie nos ha enseñado a pensar así. Muchas veces se trata simplemente de una cuestión de confianza, de creer en uno mismo y dejar atrás los miedos. Este cambio de enfoque puede generar un punto de inflexión. Las primeras veces es algo parecido a un acto de fe. Sin embargo, a medida que vas entrenando a tu cerebro a no alargar innecesariamente los estados negativos y lo enfocas en las soluciones y oportunidades, este va aprendiendo a funcionar de un modo distinto, lo que te lleva a tener algunas evidencias de que es posible vivir la vida de otra manera. Hagas lo que hagas el tiempo seguirá pasando. Tú decides que cantidad de este tiempo dedicas a frustrarte intentando cambiar lo que no está bajo tu control y qué cantidad de tiempo dedicas a tomar las riendas de tu vida.

Probablemente, sólo cuando se acabe tu tiempo y estés en tu lecho de muerte sabrás cuáles han sido los momentos más felices de tu vida. En ese momento la tendrás toda delante de ti y podrás comparar los momentos que te sentiste bien con los momentos que te sentiste mal. Si los sientes y los aceptas todos como tuyos te irás de aquí en paz. Y el mundo seguirá girando.

Joan Argelich
Psicólogo especializado en Hipnosis y PNL

2 pensamientos en “El mundo no es como me gustaría que fuese

  1. Rosa

    Me gusta mucho tu artículo, Joan, Creo que invita a la refexión desde las primeras lineas, cuando hablas de la aceptación del sufrimiento como parte inevitable de nuestra vida. Aceptar “lo que es” , es el primer paso para iniciar el camino de la liberación emocional y de cualquier proceso de cambio personal. Porque sin ese primer contacto profundo con nuestra emoción, no valen pensamientos motivadores ni filosofías positivas. A menudo olvidamos que las personas no somos solamente un conjunto super evolucionado de neuronas que piensan y procesan, que se hacen preguntas importantes incluso sobre su propio funcionamiento. De alguna manera, olvidamos conectarnos con esa otra parte tan esencial que hace que el cerebro sea algo más que un simple sistema perfecto que nos conecta con la realidad.

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  2. Pingback: No está ocurriendo II: pasado | Joan Argelich

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