Cuestión de fe

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Hace poco más de 3 meses vino a verme una joven de 20 años que en los últimos 4 había desarrollado varias fobias y miedos. Éstos le impedían vivir la vida con la tranquilidad que a cualquier persona le gustaría tener. La simple imaginación de una experiencia que pudiera asociar a un contexto médico – sanitario, a la enfermedad o a la muerte desencadenaba en ella una respuesta de estrés y bloqueo fácilmente observable. Había llegado a desmayarse ante la presencia de agujas. El resultado de los tratamientos convencionales psicológicos y farmacológicos hasta el momento no habían sido de mucha ayuda.

La primera sesión estuvo destinada a definir objetivos y a generar un buen rapport (conexión o sintonía que se establece entre dos o más personas cuando están en interacción). Además le quise demostrar como mediante la PNL podía aprender fácilmente a dejar de reaccionar con tanta intensidad a las simulaciones mentales que hacía. Le dije que como en la siguiente sesión yo me iba a clavar una ajuga delante suyo, ya podía empezar a imaginar como sería la experiencia. Me respondió que su último terapeuta había hecho eso y ella había salido corriendo de la consulta y no había regresado más. Yo le dije que su último terapeuta no le había enseñado antes a controlar ese miedo. Hicimos un pequeño trabajo con submodalidades visuales y cinestésicas al tiempo que le disparaba algunos anclajes que había instalado de antemano. Le induje un trance muy ligero a través de una experiencia guiada en imaginación por el interior de un hospital, donde iba a encontrar a alguien en una habitación que estaba intubado.  No fue una experiencia agradable para ella, pero disminuyeron notablemente sus reacciones fisiológicas a ese tipo de pensamientos.

En la segunda sesión estuvimos hablando de otros aspectos más triviales de la vida cotidiana a través de los cuales reforcé el rapport y sembré algunas ideas mediante sugestiones indirectas para preparar la siguiente sesión.  Cuando acabó la sesión le dije: “En la siguiente sesión jugaremos con agujas y te vas a sorprender de lo divertido que puede llegar a ser dejar atrás todos esos miedos” —  a lo que ella respondió —- “Te veo a ti tan convencido de que saldré adelante que me lo empiezo a creer.” —”Tienes que tener fe” , concluí.

En la tercera sesión, realicé una inducción en la que le instalé 3 anclajes, uno visual, uno auditivo y otro cinestésico, que fueron puestos a prueba colapsando experiencias ansiógenas del pasado, mientras le iba dando sugestiones de aprendizaje y  control. Se imaginó como yo me clavaba una aguja y no reacciono. Tras salir del trance, me clavé una aguja, ella se clavó otra. Luego se la clavé yo y más tarde una compañera del centro le clavó otra. Ella acabó muy contenta, ya que nunca imaginó que pudiera hacer todo aquello. Y yo le dije: “tienes que tener fe”. Pidió que la siguiente sesión se orientara a preparar una visita al densita, que tenía pendiente desde hacía muchísimo tiempo.

Cuando vino para la cuarta sesión, había podido entrar de visita a un hospital de una manera mucho más tranquila que la última vez. Preparamos la visita al dentista siguiendo la línea establecida en las últimas sesiones. Le dije que prohibiera taxativamente a su entrono que le preguntaran si estaba nerviosa o cómo se sentía mientras esperaba la visita.

Esta semana, en la quinta sesión, vino muy contenta. Pensé que el dentista habría ido bien. Mi sorpresa fue cuando me enseñó el tobillo y vi que se había hecho un tatuaje, algo que siempre había querido hacerse. Además había ido al dentista sola, sin tomar ansiolíticos ni valeriana, y había estado sorprendentemente tranquila la mayor parte del tiempo, poniendo en practica todo lo aprendido. Había concretado tres visitas más. En la siguiente tocaba anestesia.  – “¿Cuanto duró el proceso de hacer el tatuaje?”, le pregunté. – “Más de una hora”,  respondió.  – “Eso son miles y miles de pinchazos…. la anestesia solo uno”, concluí.

Cuando le pregunté qué significaba para ella la palabra fear (miedo en inglés)  del tatuaje que se había hecho, me dijo que simbolizaba haber dejado atrás los miedos. Durante todo el tratamiento me olvidé de las palabras depresión, ansiedad o trastorno por déficit de atención e hiperactividad que habían utilizado los profesionales a los que había acudido previamente. Esto muchas veces le sirve a la persona para creer que le ocurre algo que está fuera de su control y no le ayuda a realizar las tareas propuestas. Resta fe.

Cuando a Erickson le preguntaban qué cómo conseguía que la gente llevara a cabo las tareas – algunas muy descabelladas – que él les proponía hacer para vencer sus síntomas, éste respondía: “lo hacen porque yo estoy seguro que va a funcionar cuando se lo digo”. Tenía fe.

Joan Argelich

Psicólogo especializado en Hipnosis y PNL

3 pensamientos en “Cuestión de fe

  1. Rosa

    Sí, es verdad, a mí tambien me sorprende siempre este efecto del que hablas : la cuestion de la fe.Es un misterio cómo actúa ese “creer en la persona que tienes delante”, pero realmente funciona. Yo me imagino una especie de camino luminoso que me une al paciente que tengo delante, como si fuera una via lactea llena de estrellas brillantes por dónde se transmite el polvo de la fe… Y eso que puede parecer un tanto esotérico, tiene la virtud de amplificar el mensaje,va más allá de cualquier terapia.

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    1. Joan Argelich Autor de la entrada

      Bonita metáfora 🙂 Definitivamente lo que tu creas en relación a tu paciente va marcar la terapia. Tanto por lo que tu serás capaz de dar cómo por lo que él será capaz de recibir y hacer. Es algo pacerido a una profecia autocumplida.

      Responder
      1. Victoria

        Ara em fixo amb aquesta frase;…”definitivament , el que tu creguis en relacio al teu pacient marcara la terapia”…
        Deunido oi? quina responsabilitat …quin pes…cal afinar el màxim posible doncs …

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